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(Cunnilingus,  Joanna Jensen)


Y me comías y me masticabas el coño, una, dos, cinco, todas las veces, y en ese momento de abandono y lánguido desmayo (puta, zorra, guarra, cómo te gusta, cómo te gusta), justo en ese instante que antecede la fuga del ánimo, yo veía toda mi ropa desparramada por el suelo, mientras tú te desparramabas sobre mí.
(Requiem, Vahído)  



Cunnilingus o masticar coño o Keni Styles masticando coño o How to chew a cunt properly by Keni Styles. La teoría de los columpios o el placer que va y viene y cambia de forma. Labios mayores, labios menores. Dedo pulgar y dedo índice separando los labios, mayores y menores. El placer. El placer. El botoncito de la felicidad que aparece, campanilla extática detrás de la desconocida sonrisa en vertical. Y no hay gañan destrozando el coño sin masticarlo y sin placer. Pero Keni Styles. Cómo explicar para que me entiendas que hace semanas que no puedo masturbarme con otra cosa que no sea Keni Styles masticando coño. Porque sí, el placer, con toda su porosidad, empapándome en su sudor que huele al mío. Qué más da, grito, Qué más da que yo no sepa nada sobre coños, mucho menos sobre masticarlos, si encuentro placer en el placer representado. Y me convenzo, desde mi ignorancia capital, que nadie sabe ni sabrá masticar coño como Keni Styles, con esa lengua generosa y ese sorber y ese anteponer el placer del otro al placer propio o Giving orgasms, that's the shit I like! Porque dónde todo debería ser espectáculo, allí donde debería verse el truco y el fake y lo fingido, sólo encuentro placer puro, aquel que tu cuerpo se llevó de mi lado. Qué más da que sea masticando coño, si todo el placer que vicia ahora el aire de la habitación acaba siempre por susurrar tu nombre.



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recuerdos que existen sólo porque me los invento (1-6)

1# Cuando llegó el momento del brindis y tu amago se convirtió en levantarse. Con la copa alzada a la altura de los hombros, uno a uno, tuviste palabras para todos. Y entonces llegaste a mí y cuando ibas a decir todo aquello y me miraste a los ojos el tiempo se paró y con él las manecillas de los relojes. Y eso sucedía siempre que nos mirábamos, que todo entraba en una gran pausa. Durante aquel primer viaje en avión ni siquiera de reojillo porque y si el avión se caía. No podíamos estar seguros.

2# Cuando me dijiste: Desde la primera vez que te vi, supe que te iba a querer siempre. Y la cámara comenzó a alejarse (trav. out vertical o como fuere) como los finales de los musicales que nunca vimos. Supongo que fue así y no de otro modo porque aquella noche me cantaste aquellas canciones al oído. Yo empecé a temblar: no quería que los títulos de crédito aparecieran.

3# Cuando estuvimos follando durante setenta y dos horas. No hubo pausa ni receso. Estuvimos follando hasta que nuestros cuerpos acabaron por derretirse y el colchón se convirtió en bayeta absorbente. Al volver a nuestro estado sólido, ya luego de la resurrección después de sendas muertes pequeñas, al encontrarnos encerrados y con espacio suficiente ahí dentro, decidimos quedarnos a vivir allí una temporada.

4# "Al mossec de les meves paraules, / la teva ment se m'obre com un fruit / i la polpa se'm fon, carn endins" [Maria-Merçè Marçal]

5# Cuando qué facilidad para llamarlo a todo hogar porque siempre tenía tus brazos para refugiarme en ellos y de pronto esa capacidad elástica y yo daba varias vueltas y a cada vuelta más hogar y más cerca. Tú sonreías y me apretabas con fuerza.

6# Cuando me desperté y todavía seguías ahí.


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Vuelvo a casa para ahogarme
en los brazos de mi madre.

Otra vez el vientre materno.

Placenta.

Acurrucarme y media vuelta
al cordón umbilical.


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Yo no pienso salvar a nadie.
A veces incluso dudo de poder salvarme a mí mismo.

He hecho un cálculo rápido y a todas luces poco riguroso. 588 pastillas. Al ver el resultado en la pantalla de la calculadora he sentido algo. Creo que ha sido decepción. Esperaba haber llegado a las 1000 pastillas. No debería tener prisa. El número 1000 llegará. Y luego 2000. Y luego. Hasta llegar a un número ciertamente desorbitado de pastillas. Cuando la otra noche me preguntaron por qué tomaba tantas pastillas, contesté "Para no morirme". Mi interlocutor no llegó a entenderme del todo. Horas antes de que eso sucediera, recibí un mensaje de texto. "Me he tragado 40 pastillas. Quiero morirme". Uno nunca sabe cómo contestar a ese tipo de mensajes. Pensé que mientras unos toman pastillas para alejar al coco, otros las toman para invitarle a pasar. Otros las toman para olvidar que el coco siempre está presente, como agazapado en un rincón. "Ve al baño. Métete los dedos. Vomítalo todo". Salvación en tres simples pasos. Pero cómo estar seguro de qué quiere decir salvación, o saber de qué quiere ser realmente salvado uno. "La primera vez fueron 30 pastillas y no pasó nada", me escribió. El mes pasado fueron 30 pastillas. Me pregunto si el mes que viene me escribirá para decirme que se ha tomado 50 pastillas porque quiere morirse. Intervalos de 10 pastillas. Hemos incorporado la química a nuestros cuerpos. Ahora sin química no somos nada. Somos cuerpos farmacológicamente alterados.

"¿Cómo te sientes hoy?",  le pregunté al día siguiente.
"Normal", me contestó al cabo de diez minutos.
Me pareció una respuesta de lo más acertada.

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la polla de croco ya formaba parte de mi colección de fotos de rabos y paquetes antes de que me enviara la última como peaje necesario para que escribiera sobre él. croco siempre ha sido un tipo listo y, para convencerme, acabó por enviarme no una sino dos fotos: en la primera vestía unos pantaloncitos grises; en la segunda, no vestía nada salvo una erección. ahora mismo no recuerdo si alguna vez le expliqué lo mucho que me pone ver a un tipo empalmado en calzoncillos. de todas maneras, acertó. me sorprendió que me pidiera que escribiera sobre él después de tanto silencio.

he tenido tres encuentros con croco. el primero de ellos fue una noche en la que yo cumplía años y me llevó a cenar a un burguer king y luego a dormir a su casa y ante mi insistente pregunta de si tenía intención alguna de besarme me contestó que sí pero que no me iba a besar cuando yo quisiera. él siempre ha desmerecido el polvo de aquella noche, siempre me ha dicho que estaba muy cansado y que lo sabe hacer mucho mejor aunque no haya tenido ninguna intención de demostrarme lo buenas que son sus artes amatorias porque, en realidad, ese ha sido el único polvo que hemos echado. nuestro segundo encuentro también fue en su habitación, nos tumbamos en la cama y vimos una película malísima de la que no recuerdo nada. sólo recuerdo como él me dijo que no íbamos a follar porque quería demostrarme que también le interesaba como ser humano así que lo único que nos quitamos aquella tarde fueron los zapatos. la tercera fue la más extraña de todas: como favor personal, me invitó a que le ayudara a ponerse una crema antiinflamatoria en el coxis después de caerse de un tobogán. me conmovió que me lo pidiera con la misma intensidad con la que se me ponía dura cada vez que se bajaba los pantalones y yo le aplicaba abundante ungüento entre sus nalgas. ahora que lo pienso, siempre que he visto a croco he terminado tumbado en su cama.

croco es un tipo listo, y quizás por eso siempre me ha resultado difícil escribir sobre él. una vez lo hice y lo único que conseguí fue que me dijera que aquello que había escrito no tenía nada que ver con lo que había sucedido en realidad y que no se había sentido nada identificado y después me dijo que no entendía mi manía por fingir ser una gatita en celo ofendida si yo no era así. sería curioso saber qué piensa croco de mí, que piensa en realidad, quiero decir, y averiguarlo sería tan sencillo como preguntárselo directamente pero no estoy seguro de querer saberlo del mismo modo en el que no estoy seguro de lo que pienso realmente yo de él.



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I.

Me trago la primera pastilla
—la primera de tantas—
esperando que no se cruce
en mi garganta y que se instale
en mi pequeña cabeza atormentada
mientras escucho a desconocidxs
hablar de coños y gemidos

...y el cabrón de turno resoplando.

Pienso en los abrigos que
me haría con tu piel caliente
paripé cabaratero a media luz
todo mi cuerpo en la palestra
qué absurdo exhibir entonces
sin pudor mis entrañas vistiéndote

...y el cabrón de turno resoplando.

(pero tú, tú has estado fantástica)


II.

yo soy la escoria
yo soy la puta
ya estoy muerto.


III.

echo de menos tu polla.

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y eso es precisamente lo que hago: abro mi moleskine, boli en mano —cursos d'estiu de la UAB— y me dispongo a escribir la to-do-list que creo absolutamente necesaria porque quiero aprovechar mi día libre aunque él no esté y hay un montón de cosas que debería hacer y hoy por hoy tachar una a una las diferentes acciones que pudiera escribir en este papel rayado sería lo más próximo a una experiencia plenamente sexual y paraliteraria. es esencial hacer la compra y por eso debería ser la primera de las acciones de mi lista porque llevo cuatro días alimentándome únicamente de café soluble, donettes rayados, noodles instantáneos y palomitas dulces. así que me levanto y voy a la cocina y busco en el armario y me encuentro con un paquete con cuatro galletas digestivas marca carrefour que había olvidado que estaba ahí y decido comerme una y media porque tengo algo de hambre pero no se me ocurriría comérmelas todas porque cuando acabe los noodles del mediodía —beef flavour— seguro que me apetece alguna galleta digestiva marca carrefour. mastico con urgencia así que me pongo a barrer la cocina como por encima y sin mucho esmero y la cocina me lleva al pasillo y el pasillo al salón y luego vuelvo a mi moleskine dejando la suciedad en un rincón por pereza a buscar el recogedor y con el dedo índice de la mano derecha me quito el exceso de galleta digestiva marca carrefour de una de mis muelas y que ya sería hora de apuntarme al gimnasio porque he engordado tres kilos y en cuanto me despiste un poco se me volverá a poner cara de pan. pienso que apuntarme al gimnasio también debería formar parte de la lista y que podría ir por la tarde por ejemplo y luego acercarme al decathlon a comprar todo lo que no tengo porque hace cien años que no practico deporte alguno y me pregunto si en el gimnasio tienen taquillas y si realmente utilizaré el teléfono móvil para escuchar música o si es mejor idea comprar uno de esos mp3 enanísimos que pueden sujetarse en la cinturilla de los pantalones de deporte que aún no tengo. pero me pongo a curiosear facebook y hago búsquedas absurdas en google y entonces me apetece ver otro capítulo de aquella serie que sólo veía con él y al final son tres y ay-dios-mío-la-lista que todavía no he escrito y mientras caliento agua para los noodles instantáneos pienso que además de la lista debería ponerme a escribir, recuperar ese hábito como cuando llenaba páginas y páginas por mucho que después no hiciera nada con ellas, así que eso también debería ir en la lista, guardarme algo de tiempo para escribir a diario y el hábito y la respiración. me como los noodles instantáneos obligatoriamente viendo los simpsons y cuando acaba sintonizo divinity y su love it or list it y creo que a lo mejor me echo una pequeña siesta, nada, veinte minutos, y luego por fin me pondré a escribir la maldita lista en la que, metalingüísticamente, escribiré sobre la necesidad de escribir cada día y me había olvidado por completo de escribir un email a la señora que dirige el master que quiero cursar el año que viene así que mientras me acuesto en la cama y cierro las persianas pienso que eso también deberé escribirlo en la lista pero dejo de pensar en eso y me masturbo y me quedo dormido. y claro, los veinte minutos al final son dos horas y sin moverme de la cama veo otro capítulo mientras le echo de menos y huelo una camiseta que todavía no he lavado porque no me atrevo porque todavía huele a él. entonces pienso que que también debería incluir en la lista el no echarle tanto de menos y sobre todo no fumar tanto, porque aún no lo he dicho pero no he parado de fumar casi por aburrimiento. debería ducharme y salir a la calle porque hay unas exposiciones que quiero ver y quizás eso también va en la lista y como creo que todavía queda una galleta digestiva marca carrefour voy a la cocina y pienso que debería fregar el suelo si es que me decido a recoger el polvo del rincón. escucho las carcajadas de la moleskine que sigue esperándome en el salón y me asomo y la miro desafiante porque voy a escribir la lista por mucho que ría. en algún momento lo haré pero vuelvo a la cama solo un rato y me abrazo a la camiseta ya sin dueño y veo a una tipa muy dura matar zombis con una katana. debería bajar a comprar algo de cenar, que no tengo nada. creo que me apetecen noodles instantáneos.