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[...] y no siento que expongo mi intimidad, porque ese concepto de intimidad del que habláis es sólo una herramienta más para someternos. [...] Si amo, no me importa decírselo al objeto de mi amor y a quien quiera oírlo. Si deseo, tampoco; mi deseo es mío y no es bueno ni malo, ni quiero que nadie lo juzgue, porque lo único en lo que yo puedo confíar en mi vida es en lo que yo siento. Lo que yo siento en mis entrañas, tanto raciocinio, tanto raciocinio, cuando estamos hechos de pulsiones, y esas nunca mienten.

(María Llopis, El postporno era eso)

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