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Ser adultos (adultos, de una vez por todas) (¿en serio?) (no). Coger las riendas de nuestra propia vida, sin preguntarnos (o haciéndolo una y otra vez) por qué coño no lo hemos hecho antes. Bebemos cerveza, toda la que podemos, y creemos que nuestras palabras arreglarán el mundo, nuestro mundo (aunque nunca lo han hecho y puede que nunca lo hagan). Mañana empieza todo. Se me encogen las tripas: laberinto intrincado de deseos, pulsiones y mierda. Me quedo sin tabaco. Tengo muhcísimas ganas de fumar. Ahí está. Inclino la cabeza: lo mismo podría estar saludando que espantando una mosca con grácil fragilidad. Vibraciones del mundo que anuncian sentimientos que ya conocíamos. Vamos a pasar del misionero, por favor. Mañana. Mañana, sí. Mañana empezaremos con todo. Y nos lanzaremos sin temor a partirnos la boca contra el suelo, pero seguiremos limpiando nuestro esperma reutilizando papel higiénico, seguiremos sin querer gastar dinero en condones. Empezamos mañana. Hoy, teoría, utilicemos las palabras, pero mañana... mañana es necesario que empecemos a utilizar los puños. Pidamos otra cerveza.

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