027

Photobucket
Photobucket
Leo de nuevo sobre los stag films, esas piezas porno mínimas, silenciosas, fragmentadas, y sobre su producción deseo-frustración, cómo ésta opera en la subjetividad del macho que las visiona en compañía de sus semejantes. Me viene a la cabeza este video, que creo recrea el espacio stag a la perfección: en él, vemos a un grupo de hombres disfrutando de un falso stag film protagonizado por el icónico Joe D'Allesandro gozándolo con un segundo hombre, categorizando a sus espectadores, ya no como machos, sino como maricas. Resulta interesante como su visionado no comporta ningún tipo de contacto sexual entre los allí presentes, como si la imagen y la mano propia fueran suficientes por sí mismas, constructoras de una parcela de intimidad de la que se disfruta en un espacio pseudopúblico. La producción de deseo proyectado en cada uno de sus frames y la frustración de no poder disfrutar de la fisicidad del objeto de deseo son autosuficientes. Se me ocurre, entonces, como en las producciones straight-goes-gay —¿por qué siempre acabo hablando de este metagénero cuando pienso en los stag? Ni idea—, y en como, en la mayoría de estas piezas, se inicia la acción con los (mínimo) dos protagonistas, heteros confesos en la ficción audiovisual, visionando una película porno, hetero y mainstream. El encuentro stag modernizado y su consiguiente producción de deseo-frustración parece la excusa perfecta para el contacto homosexual, sin ningún tipo de interrogante identitario. El hombre hetero sólo acepta penetrar (a) y ser penetrado (por) en la medida en la que necesita deshacerse de la frustración producida por la imagen pornográfica: estoy tan cachondo que podría chuparte la polla. Capturado por un dispositivo de video, su deseo-frustración generará nuevo deseo y nueva frustración al espectador, que disfrutará, en cualquier tipo de soporte, de la quimera anti-frustración a la que el sujeto supuestamente hetero se somete, cerrando, así, el círculo.

No hay comentarios: