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El árbol ha crecido demasiado. Quizás va siendo hora de que alguien se decida a podarlo. ¿Cuándo es el tiempo dep oda? Puede que debiera preguntarlo. Sea como fuere, el árbol ha crecido demasiado y no veo nada. Antes, cuando sus ramas no eran tan frondosas, me quedaba de pie en el lavadero y veía a los jóvenes skaters pasar el rato al otro lado de las vías del tren. Cigarro en mano, disfrutaba de esa visión lejana, resguardado tras los paneles de plástico impenetrables, que me permitían ver sin ser visto. Atractivo plano, pues la imagen existía doblemente cortada, ya por los paneles, ya por los cables que permitían la circulación de trenes a intervalos regulares. Ahora eso es imposible. Madre naturaleza lo ha llenado todo de verde clorofila, como diciéndome que ya es hora de cambiar de obsesiones, de fetiches, de arquitecturas voyeurs –y en cierto sentido masturbatorias. Yo me obceco: cada mañana, después del café, me quedo de pie en el lavadero durante aproximadamente un minuto, esperando que alguien pode el dichoso árbol.

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