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Si bien Plutón había dejado de ser considerado un planeta —ni del sistema solar ni de ningún sitio—, él sale cada noche a su terraza a contemplar el cielo estrellado, pensando en aquel cuerpo esférico. Si acaso le preguntaran, él no sabría responder: ni una vaga idea de por qué el último de los planetas que había aprendido a decir de corrido a una temprana edad, había sido excluido de manera tan burda. En realidad poco le importaba: Si algo está claro, respondería, es que en Plutón debe hacer un frío de cojones. Y es que él tiende a imaginarse el no-planeta como una pequeña pelota helada donde siempre hace mal tiempo, donde la peor tormenta de nieve del siglo se sucede un día tras otro, una hora tras otra. El frío, lo que en Plutón quedaba era el frío. Se pregunta si, aún levemente, su incpacidad de soportar con indignidad las altas temperaturas del verano, o el hecho de no pisar la playa ni un solo día de los meses estivales, luciendo así un bonito blanco papel higiénico en toso los eventos a los que era invitado —que, reconozcámoslo, no eran muchos—, no respondía a la fascinación que sentía por el no-planeta helado. Dirás lo que quieras, podría decírsele, pero tú, de toda la vida de Dios, has sido un friolero. Y él no podría sino agachar la cabeza y asentir ante tal obviedad. En Plutón ni dos segundos durarías. Ni yo ni nadie, mona, respondería si no supiera lo simbólico de tal sentencia. Así pues, demostraba una vez más la tangente paradoxal en la que había construido los cimientos de su existencia: naturaleza física, sentimental, emocional... Pero Plutón está ahí, piensa él, Plutón está ahí, tiemble yo o no tiemble. Tal obviedad conseguiría acabar tajantemente cualquier discusión sin la necesidad de respuesta o conclusión alguna. Ventiscas, nieves, fiordos, esquís, patinadores sobre hielo... Plutonianos, plutonianos, ¡llevadme en vuestros lomos! Pero ellos no eran sino los parias del universo, excluidos de por vida, sin reglas, sin lenguaje, sólo el frío. Él sigue contemplando el cielo, anonadado. Corre una leve brisa fresca. Entra en casa a por una chaqueta de punto.

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