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, y que si el olvido no es esto, se le debe parecer mucho. como una espesa e inusitada niebla que cubre la ciudad, que cubre su rostro, sus ojos. ni siquiera el mísero treinta y tres por ciento de visión que tenía antes. ni si quiera eso. todo es silencio y un blanco frío que cala los huesos. no hay rayos de sol que consigan penetrar esa masa compacta de vapor húmedo. recuerda sin querer aquella película de fellini, en la que un hombre se pierde en la misma puerta de su casa por culpa de la fastidiosa niebla. puede que él, ahora mismo, en este aquí y ahora, no se sienta exactamente perdido. es quizás una extraña melancolía lo que le lleva a morderse la lengua, no decir según qué, no mostrarse, no alargar los brazos por si él todavía sigue ahí, igual de ciego. la melancolía, qué extraño, es lo que le frena. y piensa que posiblemente sea mejor así.grita su nombre sin saber a ciencia cierta que alguien vaya a poder escucharlo. si el grito tiene algún fin es tan sólo el recordarle que sigue aquí, más o menos ciego, por lo que pudiera acontecer. que los finales no son sino comienzos de otras cosas. que no hay niebla que no acabe por disiparse volviendo a traer, como poco, sonrisas amables. el calor. que no hay invierno fácil, eso lo sabe todo el mundo.

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