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Aquí dentro ya son quince días, no sé cuánto tiempo, cuántas hojas de calendario, cuántas vueltas de reloj, pero aquí dentro ya son quince días, suspendido de un finísimo hilo y una tímida lluvia que acaba por empapar el pavimento del otro lado. Quién lo iba a decir, quién creía, esta fuga absurda e inutil, queriendo buscar no sé qué cosa y ahora aquí dentro. Fumo cigarillos y bebo poco café, poco movimiento, que no llega ni a inútil. Me siento y miro por la ventana, el frío que se instala, y yo recontando los jerseis que tengo, que no son muchos, tanto tejer, tanto tejer y de repente el frío. Recuero ahora la bufanda, que acabó por extraviarse entre tanto objeto perdido. Alguien la debe vestir en este invierno tan temprano. En otro tiempo, quizás, pero no ahora, aunque espere y me siente y beba poco café y hasta mi cuerpo desconocido y aún otra punzada. Y aún esperando, puede que del otro lado, una palabra o un algo, un susurro al que aferrarse, quince días, dos meses. El tiempo tan líquido y caprichoso. Cierto es, a quién puedo engañar, en la absurda fuga hiriente, ya son quince días aquí dentro y no fuera, que desespero, ese vibrar, ese anuncio, una nota, una frase. La imagen cada vez más borrosa que empaño con el humo y un vapor que emerge del ruido de las cañerías, que nunca antes habían llevado agua tan caliente. Del otro lado un susurro, aún cuando el viento engaña, que mece los árboles y las atrevidas faldas, hasta invierte los paraguas. Un susurro que espero, que a veces creo escuchar del otro lado, del frío, de vete tú a saber cuánto tiempo. Y yo incapaz, sobre todo incapaz, de verte y de tocarte, porque quizás sí en otro tiempo pero no ahora. Qué gritos, qué lenguas, qué bulto incipiente en los pantalones y para quién, que me perteneció pero ya no y el querer. Todo siempre del otro lado, nunca aquí, el otro lado siempre, quince días ya. Inanición vestida con pijama que no es ni siquiera dulce, ni ojerosa, ni satisfactoria. Pero tú del otro lado, pero nunca el susurro; el pasado, siempre el pasado cuando miro por la venta, con sus calendarios y sus relojes y gente susurrando cosas al oído de otros, quizás tú, pero que no alcanzo a escuchar y que ya no sé si importa. Siempre todo del otro lado, como esta fina lluvia, como una bufanda que acabé por perder y que alguien debe estar vistiendo.

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