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Pensar merece la pena si provoca, no tanto una captura de las cosas pensadas, como un extravío de aquel que conoce. Así Foucault. Pero, ¿qué ocurre si el que conoce, si el que piensa, si el que escribe está ya extraviado, si no consigue encontrarse? Tanto mejor. La necesidad entonces no es ficticia, no es inventada, no es mera postura especulativa, impostada e intelectual, articulada para encontrar lo que de todos modos ya se sabe, se prevé, lo que se había calculado encontrar. Entonces, el que piensa y escribe, realmente busca, se arriesga y se expone.

(del prólogo de El niño criminal de Jean Genet, Irene Antón)

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