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todo es tan jodidamente relativo. todo menos la gravedad, claro. que por muy lícito que sea el deseo de querer volar, ahí tienes el suelo, ahí la hostia, y ahí el te las arreglas como puedas, pequeño ícaro. y él se infla como un globo de helio, vanagloriándose de tocar el cielo con los dedos. y las nubes, de un blanco tan profundo, perdiéndose entre los dedos, húmedos, tanta luz. pero la gravedad. sí, la gravedad, que nada se puede hacer contra ella sino esperar a que haga acto de presencia y él acabe por estallar y la hostia. yo en primera fila, comiendo palomitas y golosinas y haciendo fotos y grabando. porque todo es jodidamente relativo: ahora él está ahí arriba, luego el suelo. tiempo al tiempo. que yo me voy a hacer el trapecista, y que en esta historia sólo se escribe su nombre en un par de páginas. luego vuelvo yo. o quizá no. pero la gravedad.

1 comentario:

irene dijo...

Me gusta verte así Nacho:
gravedad para todos pues,
y para él también.


un beso,
mañana nos vemos las caras!