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Si quisiera escribirlo, sería algo así:

Ahora, sí. Ahora que aún refresca por las noches y todavía no te has deshecho de las sábanas. Déjame arroparte, la liviana manta hasta el cuello y darte un beso en la frente y mis manos de nuevo perdidas en tu pelo. Ahora que aún. Inclinarme sobre ti, prometerte al oído que todo va a salir bien y que no debes preocuparte, aunque nadie me haya dado potestad alguna y no tenga el más mínimo control, pero prometerte con suavidad, como queriendo protegerte y arroparte ahora que aún refresca por las noches. Y aunque aún, tu cama es sólo un colchón en un punto indeterminado del mapa, perdido entre tanta esquina cartográfica, pero allí estoy yo, prometiendo cosas que no está en mi mano cumplir. Si consigo que durante apenas tres segundos no tengas ya más miedo y confíes, podré hundirme contigo, debajo de la liviana manta, antes de que te deshagas de las sábanas, y abrazarte y todo va a salir bien, no te preocupes, todo irá perfecto. Pero cómo, desde aquí, todo tan borroso y tan en la distancia y he dejado agua al lado de la cama por si te entra sed en mitad de la noche. Pero qué colchón, qué manta, qué punto indeterminado. Sólo esta vez, esto sí que puedo prometerlo y cumplirlo, pero el agua aquí al lado. Y todo para que te sientas seguro, ahora que aún refresca por las noches, y arroparte. Ahora, sí. Ahora que aún.

Si no quisiera escribirlo, sería algo así:


















Todavía estoy decidiendo qué opción me convence más.

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