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En 1996, Jennifer Ringley instaló una webcam en su habitación. Retransmitía live todo lo que sucedía en esas cuatro paredes, fuera lo que fuera. Ahí nace la Jennycam: la primera página web que retransmitía 24/7 la vida privada de un sujeto cualquiera, en este caso, de Jennifer Ringley. Algunos lo llamaron arte, otros pornografía (pues Jenny no se cortaba un pelo a la hora de desnudarse, masturbarse o llevar algún compi a casa). Fuera lo uno o lo otro, la Jennycam instauró un nuevo modo de hacer pornografía amateur, pues, a partir de esa momento, miles de páginas webs copiaron a la valiente Jenny prometiendo mucho sexo cuando, a la hora de la verdad, la mayoría de horas estaban llenas de absolutamente nada.
Eso se lo expliqué al que ahora se hace llamar Punkbcn hace un par de noches, la segunda consecutiva que conectaba su webcam y me dejaba verle tumbado en la cama fumándose un porro mientras escuchaba a Tricky, veía por enésima vez la entrevista que Buenafuente hizo a Mario&Alaska, o se empeñaba en ceñirse la toalla una vez había salido de la ducha. Al día siguiente, el que ahora se hace llamar Punkbcn, que documenta su periplo a base de pantallazos, se había creado un perfil en la famosa web Cam4, que promete sexo en vivo, y, desde entonces, ahora mismo, retransmite su vida en riguroso directo. Lo cierto es que ese gesto subvierte el ámbito pornográfico de la página, pues sólo podremos ver pornografía amateur cuando él decida masturbarse o llevar a algún coleguita a casa. Lo más interesante de todo es lo que me dijo después de prometerme ser la estrella invitada a su recién estrenado show: estar pegado a una webcam durante 24 horas es una experiencia alienante. La pornografía como performance, la performance como arte, el arte como algo alientante.

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Los espectadores no dejan de pedirle que enseñe la polla.

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