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Tomémoslo como algo empírico. Alejémonos de la poética con la que acostumbro a tratar todo este tipo de sucesos, que al final siempre acaban en nada, intentando que así este se resuelva de modo diferente.

Nuestro objeto de estudio: un encuentro nocturno, como no podía ser de otra manera, y los efectos físicos que éste ha producido. Espero que, hablando de lo físico, se resuelvan cuestiones emocionales, sentimentales, o de cualquier otra índole, pues entiendo que todo aquello que lo que llamamos corazón se empeña en crear, no son sino ilusiones creadas por cierta química segregada por nuestros organismos tecnovivos.

1. Al llegar a casa, madrugada plena, cojo un papel cualquiera de mi escritorio y, después de probar dos pilots modelo Hi-Tecpoint V5 Extra Fine color negro sin éxito, acabo escribiendo con un lápiz de punta roma: le besé tan fuerte que después me dolía la lengua.
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Por lo tanto: papel escrito aun con el mareo de las cervezas en la cabeza, y dolor en la lengua a causa de la urgencia de los besos, no fueran a agotarse antes de lo previsto. (nótese que a pesar de estar borracho coloqué los acentos correctamente).

2. En cierto momento, hincado de rodillas en el suelo, sentí una punzada de dolor en la rodilla izquierda. Él dijo: Debe ser una brida. Apartó la manta blanca, cogió un pieza negra de apenas dos centímetros de largo. Me la mostró. Efectivamente, es una brida, dijo. La brida en cuestión dejó una herida que no cicatriza del todo bien (consecuencia física numero 2).
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3. Subí el ascensor, que contaba con dos puertas automáticas, sin saber muy bien cual de ellas se abriría y, por lo tanto, en qué lado me estaría esperando él. Así que me quede mirando a lo que supuse que era el frente (dirección montaña) y observé los botones con números impresos en él como si aquello fuera una actividad de lo más interesante. Finalmente, se abrió la puerta que quedaba a mi izquierda (el mismo lado en el que una hora mas tarde se me clavaría una pequeña brida negra, efectivamente). Él me esperaba vistiendo exactamente la misma ropa que yo. Recordé una frase escrita meses atrás, en otro contexto, en otra situación: en aquel momento eso me pareció toda una revelación. Y, de hecho, aquel suceso empírico (llevar la misma ropa puesta) me pareció una autentica revelación.

4. Existe otro dato a tener en cuenta, es cierto, a pesar de lo atractivo que me resulte el número tres, su carácter impar, indivisible, casi inabarcable. Sin embargo, el dato al que aquí se tendría que hacer referencia, dejaría en evidencia cuestiones que, por el momento, prefiero dejar en la sombra, sin que eso suponga menospreciar este intento de acercarse al hecho de manera diferente a la acostumbrada. Eso sí, el dato que aquí se prefiere no exponer, hace difícil olvidar su nombre.


[me tienes que llamar]

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