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Wishlist o las consecuencias de la autoficción:

Como cuando Bianca Lamblin, la joven que consideraba a Sartre un mal amante, cansada de esperar su novela, los cita a los dos [a Sartre y a de Beauvoir] una tarde en los jardines de Ranelagh; sí, a ambos, pues quiere decirles algo importante e insiste en que deben ir los dos. [...] Ella se enfada mucho, y supongo que eso le da un aspecto más ridículo. "Bueno, ¿qué pasa con esa novela? ¿Con ese personaje de novela? ¿Cuándo va a llegar?". Y como ellos se muestran perplejos, o atónitos, y se ve a las claras que no tienen la más mínima intención de introducirla una vez más en ese mundo encantado de la novela: "Os prohibo, ¿me oís? Os prohibo terminantemente citarme o utilizar cualquier rasgo de mi persona para un personaje de una de vuestras asquerosas novelas". Y los deja ahí plantados, absurda y conmovedora, un poco miserable, sin hacer mella, evidentemente, en su complicidad libertina. ¿Bianca Lamblin "víctima"? Seguramente.


El siglo de Sartre, Bernard-Henry Lévy

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