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y todo esto en apenas unas milésimas de segundo.

me he levantado tarde y mal. no me ha dado tiempo a ducharme. he invertido aproximadamente tres minutos en domar mi pelo con un poco de agua; quería asegurarme de que ningún mechón apuntaba al cielo sin yo quererlo. mi relación con mi pelo nunca ha sido muy buena. será por aquello de que desde pequeño me he autoconvencido de que me iba a quedar calvo sí o sí y no he sentido necesidad alguna de crear lazos demasiado estrechos con él, por aquello de ahorrarme un drama a la hora de despedirme. he invertido aproximadamente cinco minutos en hacerme café y luego bebérmelo. me he quemado la lengua —una de las peores sensaciones que existen. me he puesto la misma camiseta que ayer y he salido corriendo de casa. he llegado a la puerta del trabajo, metro mediante, tan sólo un minuto antes de mi hora de entrada y treinta segundos más tarde tengo en mi mano una lista de recados. así que tal como entro, salgo, de nuevo al encuentro de la jodida ola de calor más calurosa que he vivido jamás. dicen que los accidentes de tráfico más comunes suelen producirse en zonas conocidas en las que el conductor reduce sus niveles de atención. yo me encuentro en una zona conocida, he reducido mis niveles de atención y, por lo tanto, está a punto de producirse lo que podríamos llamar un 'accidente sentimental'. tan solo me hacen falta dos minutos para toparme con él, con su mirada, que ahora se esconde detrás de unas gafas. cuando nos conocimos no utilizaba gafas. está más alto, más delgado, más moreno, más guapo.

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pero claro que se para y me da dos besos y aprovecho la ocasión para tocarle la nuca y tenemos una conversación banal durante aproximadamente dos minutos. me cuenta que está buscando unos tirantes y una pajarita, que tiene una boda con dresscode. yo nunca he ido a una boda con dresscode. todavía no he decidido si me gustan las bodas o no. todavía no he decidido si yo soy una de esas personas que se casan o no. me lo imagino con tirantes y pajarita. le digo que me alegra verle, encontrarle así, de improviso, pero no le digo que el encuentro ha producido una colisión en mi cerebro y que, por lo tanto, está siendo testigo de lo que hace un minuto escaso hemos denominado 'accidente sentimental'. recuerdo entonces cuando se corrió en mi cara y luego se quedó dormido en mi hombro y siento ganas de pedirle una segunda cita que en realidad sería tercera sólo que la primera nunca fue cita del todo. él me dice que también se alegra de verme. no ha dejado de sonreír. nos despedimos mientras espero que ningún mechón de pelo apunte al cielo sin yo quererlo, mientras espero que en mi camiseta no haya ninguna salsa de tomate de la cena del día anterior. y nos alejamos y me juro a mí mismo que si me lo vuelvo a cruzar le voy a pedir una segunda cita que sería tercera cita. pero no me lo encuentro otra vez, claro. quizás cuando llegue a casa me decido a enviarle una solicitud de amistad vía facebook. sé que nunca llegaré a enviar solicitud alguna. pienso en los accidentes sentimentales que ocurren a diario en la ciudad. pienso que va siendo hora de dejar de sublimar: tengo que concentrarme única y exclusivamente en sobrevivir a la jodida ola de calor. y para fingir que he olvidado la colisión, el 'accidente sentimental', empiezo a decirme a mí mismo que ya va siendo hora de comprar un ventilador.

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