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cinco euros por una pizza mediana con tres ingredientes (pepperoni, champiñones y cebolla). he escogido la masa fina porque sino me cobraban un euro más. también he pedido unas alitas de pollo, seis unidades. costaban tres euros con veinte céntimos. en total ocho euros con veinte y he pagado con un billete de diez. la culpa de todo ha sido de la pizza de tres ingredientes y de las alitas de pollo. me he acordado de aquella amiga que ya no es amiga que me enseñó una fotografía que se había hecho con su teléfono móvil mientras estaba llorando. yo le pregunté por qué se había hecho una foto mientras estaba llorando y ella me respondió que quería acordarse de lo que había sentido aquel día. mientras alterno un trozo de pizza y una alita de pollo pienso que si en el momento adecuado hubiera hecho una foto, una captura de pantalla, un copia y pega de la conversación, aquella primera vez que él me escupió, y digo escupir, su indiferencia en la cara, ahora no estaría así, acordándome de ésto. pero me acuerdo y pienso en la foto de mi amiga que ya no es amiga con una claridad cegadora y muerdo mi tercera alita de pollo. y una cosa me lleva a la otra, es el orden lógico de las cosas. supongo que sí, que alguna vez te quise, pero ahora no sé si esa 'alguna vez' te importó demasiado. las alitas de pollo estaban para chuparse los dedos. en cuanto a la pizza, prefiero las de antes.

¿el cambio? un euro con ochenta céntimos.

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