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y al final decidimos entrar al starbucks de la esquina aunque sabemos que podría darse aquello de estar comiendo arroz durante toda la semana. entramos y nos pedimos las chucherías de siempre: los cafés que saben a chocolate blanco, la porción de cheesecake o pastel de queso con arándanos. y nos sentamos en la mesa más alejada y empezamos a hablar de vaguedades mientras ponemos esa cara orgásmica cuando nos metemos en la boca el primer trozo del cheesecake o pastel de queso con arándanos. y entonces ella me pregunta si sigo escribiendo sobre él, como había hecho durante tantos años y yo le respondo preguntándole si se refiere a escribir ese tipo de cosas como las cartas que alguien que está enamorado nunca envía y ella me responde que sí y entonces yo le digo que entonces la respuesta a su pregunta es no y entonces ella pone cara rara. yo le pregunto por qué pone cara rara y ella me dice que a veces cuando lee las cosas que escribo su cara le viene a la cabeza y yo le digo que puede ser pero que muchas veces los sentimientos se repiten como ecos o algo así y ella me recuerda la de veces que le he dicho que jamás he sentido algo parecido a lo que llegué a sentir por él y le digo que tiene razón pero que no sé porque las cosas cambian y ella me dice que eso ya lo sabe. y me dice que cree que ha conseguido dejar las drogas y sé perfectamente de lo que está hablando pero que a veces le viene un poco el mono y que cuando eso pasa es mejor estar alejada de su teléfono móvil porque los dos sabemos lo malo que es el mono. y entonces digo que a lo mejor a alguien le están pitando los oídos o que a lo mejor lo de los oídos sólo pasa si dices el nombre de la persona y que nosotros no hemos dicho ningún nombre con lo cual a nadie le estarán pitando los oídos. y ella me pregunta si alguna vez pienso en él y yo le respondo que a veces cuando me masturbo como para quitarle hierro al asunto y entonces ella se ríe porque sabe perfectamente de lo que estoy hablando porque a veces echar de menos es un asco y los dos decimos aquello que escribió la chica rubia, aquello de i és la merda més grossa del món, l'amor. y cuando nos escuchamos decirlo nos sentimos un poco mejor y nos damos cuenta de que en alguna realidad paralela los dos estamos felizmente enamorados y tenemos dinero para pedir otra porción de cheesecake o pastel de queso con arándanos porque la primera porción ha ido menguando hasta desaparecer mientras hablábamos de mierda o de amor o de ambas cosas a la vez.

1 comentario:

Sílvia Cano dijo...

Me gusta. Me gustáis.