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Al final hemos conseguido llegar a un acuerdo. No ha sido fácil. 45 minutos de discusión intensa en la búsqueda de una solución factible. Y, como siempre, aparece el simulacro como única alternativa. En este caso, el simulacro de su ausencia. Hemos decidido empezar con algo sencillo. No tenemos mucho tiempo, pero estamos de acuerdo en que las prisas no nos van a llevar a ningún sitio. Algo fácil: cinco minutos, yo en el salón, él en la habitación. Nada de whatsapp, ni de facebook, ningún ruido que pueda recordar al otro que apenas nos separan diez pasos de distancia. Mucho menos asomarse al pasillo, como para entrever la pierna del otro, quizá alguna sombra o ruido extraño. Cinco minutos no es mucho tiempo, pero servirá para empezar. Ese sería el primer simulacro y, a medida que los próximos días la ausencia real se vaya acercando cual tsunami devastador, de duración aproximada indefinida, debemos haber llevado a cabo, como poco, siete simulacros más, aumentando paulatinamente tiempo y distancia, evitando así ausencias a bocajarro, indigestas, sangrantes, letales. Debemos intentarlo, ponerle empeño. Lo hemos discutido mucho y ambos sabemos que los simulacros, por muy realistas que sean, serán poco efectivos, porque sé perfectamente que al cabo de minutos, horas, días, él va a volver a aparecer por la puerta. Pero la ausencia real......................................................................................................................................

Pero hay que intentarlo, amor mío, romper mi corazón poco a poco, evitar el drama tanto como sea posible.

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